Sin Permiso de Aterrizaje

11/24/2016 03:28:00 p. m.


Estaba sentada mirándolo en la distancia, él hablaba sobre algún filósofo que no conocía y yo intentaba comprender su absurdo modo de ver el mundo, tan claro, tan comprensible, tan suyo. De repente un rayo de sol se escurrió entre las persianas y como algo milimétricamente calculado se posó sobre sus ojos. Sentí que se me detuvo el corazón por unos instantes, sentí que el aire se ponía más denso, más pesado, estoy segura que el universo dejó de expandirse en ese preciso instante cuando sus ojos de sol me miraron y se veían tan claros, tan dulces, eran como un río de seguridad infinita.

Su piel, oh dios, su piel era color caribe brillante, y estoy casi segura que sabía a mar. Estar con él era como jugar a que no existe un mundo más allá de sus ojos color sol, que no existe un problema más grande que nadar en el suave aroma de su cabello y dejarte seducir por su invitación a ser libre, una libertad tan plena y tan absoluta que asusta.

¡Qué miedo implicaba tenerlo cerca! Y contrario a todos mis ataques de ansiedad disfrutaba de sobremanera sentarme a su lado a leer un poco y saborear su silencio, aunque supone un riesgo demasiado grande tomar un vuelo tan alto sin permiso de aterrizaje. 

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