Carta de bienvenida.

19:09

Todas mis letras cambiaron desde que te fuiste, es como si hubiese tenido que aprender a escribir de nuevo, ya no soy tan cursi o al menos intento no serlo, creo que estoy pensando más con la razón que con el corazón o el sistema límbico para ser más exacta. No es que me haya vuelto más racional es que ya no paso tanto tiempo pensando en ti y debo hallar otras fuentes de inspiración.

Quería decirte que estoy bien, las cosas están menos desordenadas que antes, están tomando forma, consistencia, estoy más ocupada, aunque sigo durmiendo hasta las 12.
El otro día me preguntaron por ti, sonreí, es inevitable no hacerlo, hay sonrisas que llevan tu nombre, sobre todo la que se marca más al lado izquierdo del cachete, sacándome un hoyuelo, como si allí vivieras, como si hubieses hecho tu madriguera en ese hoyuelo, para asomarte al escuchar tu nombre.

Hoy amanecí recordando las veces que me tope contigo por accidente, en la calle, en el café, bajándome del bus; las veces que iba en el auto y te veía por ahí caminando, como si la vida me dijera una y otra vez, que serías el amor de mi vida... por un minuto. Y se me vino a la memoria el sueño que tuve donde sonreías y tus ojos brillaban como si explotaran mil estrellas, como si toda la luz del universo se encriptaran en tus pupilas y sentí que me pertenecías... por un minuto… por un instante que creó en mi un sentimiento eterno, parecido a caer de un rascacielos sin miedo a chocarse con el suelo.

Pero las cosas han cambiado, no mucho, no muy drástico, sigue haciendo calor por las tardes y frío por las noches, sigue lloviendo con sol, ¿y si me preguntas si te sigo amando? sí, no puedo negarlo, sigo sintiendo esa sensación en la panza cuando te veo por allí caminando, pero comprendí que seguirás estando en todo, que seguirás viviendo en el hoyuelo de mi cachete izquierdo, pero esta vez distinto, porque ya no atacas mi sistema límbico.

¿Sonreíste verdad? sé que lo hiciste, sigo prediciendo tu comportamiento, como que estás allí leyéndome, sabiendo que sigues rondando mi cabeza, que mis letras siguen llevando tu nombre, no todas, pero si algunas, que mis palabras no se "desordenan cuando intento hablar de ti", sino por el contrario toman orden para salir una tras otra como una manifestación del preconsciente, como un impulso nervioso que no puedo controlar, como saber que a pesar de te quiero ya no te necesito en mi vida.

Y no, esto no es una carta de despedida, por el contrario es una carta de bienvenida, porque al comprender que seguirás estando en todo también entendí que no puedo luchar más contra ti. Comprendí que seguirás en las cartas, en los poemas, en los versos, en los recuerdos, en mis palabras que crecieron contigo, que se transformaron en tantas cosas que son tuyas y mías, que aunque no estés aquí conmigo, lo estás... y por más de un minuto.

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